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A propósito de Friedrich Nietzsche.
Por Valeria Casal Passion.
“Justicia por mano propia”, titulan las notas televisivas y artículos de diferentes medios gráficos cuando algún ciudadano opta por hacer justicia con sus propias manos. Ante la supuesta ausencia u omisión de otra justicia, el hombre ¿elige? poner en acto cuando las instituciones (Estado) están ausentes.
¿Sirve que nuevamente enunciemos que transitamos una época atravesada por la violencia? ¿Será una forma de tomar consciencia? ¿Por qué obra el hombre como obra o, mejor me pregunto, por qué actúa (de acto) el hombre como actúa? Digo acto porque obra me remite a construcción y no siempre el hombre construye con sus actos.
Este es un controvertido tema que nos hace pensar sobre los derechos de unos y otros, sobre el valor de la vida, sobre el bien, sobre el mal y los actos del hombre. Por otro lado si pensamos que hay unos y otros aceptamos que algunos son excluidos.
Meses atrás en la pantalla de televisión debatían nuestras “primeras figuras de la farándula” y (perdón por el discurso ardiente) el comodín de turno del gobierno nacional. El tema: la inseguridad, la justicia por mano propia o la legítima defensa.
Al respecto Friedrich Nietzsche nos aportó un controvertido texto sobre la moral, la inmoralidad, la legítima defensa y el papel del Estado. “Nosotros no nos quejamos de la naturaleza como de un ser inmoral, cuando deja caer sobre nosotros una tempestad y nos empapa hasta los huesos. ¿Por qué llamamos inmoral al hombre que perjudica? Porque en este admitimos una voluntad libre que se ejerce voluntariamente, y en aquella una necesidad. Pero esta decisión es un error. Además, hay circunstancias en las que ni siquiera llamamos inmoral al hombre que daña con intención; no sentimos escrúpulos, por ejemplo en matar a una mosca, tan solo porque nos fastidia su zumbido; se castiga con premeditación al criminal y se le hace sufrir para garantirnos a nosotros mismos, y con nosotros, a la sociedad. En el primer caso es el individuo quien, para conservarse o no sufrir disgustos, hace sufrir intencionalmente; en el segundo es el Estado. Toda moral admite el mal realizado intencionalmente en el caso de legítima defensa, es decir, cuando se trata del instinto de conservación. Pero estos dos puntos de vista bastan para explicar todas las malas acciones cometidas por los hombres contra los hombres. Se procura o evitar el discurso o procurarse el placer; y, tanto en uno como en otro sentido, se trata solo del instinto de conservación. Sócrates y Platón tienen razón: el hombre procede bien. Procedo como quiera, es decir, en favor de lo que le parece bueno (útil) según su grado de inteligencia, según su razonamiento.” (1)
Queda abierto el debate sobre los derechos de los ciudadanos y el derecho de quienes delinquen contra ellos, ¿ciudadanos también?
(1) Nietzsche, F. Humano, demasiado humano. Ed. Libertador. Pag. 86. Buenos Aires, 2004.
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